Dios enamorado


Un elogio a la mujer

En tu cabeza se aprecia una aureola
de brillante luz. A tu cuerpo se suma,
una colosal esencia que perfuma
aquella luna que pasea sola…

Impregnado en tu corazón de oro,
tienes en tu noble alma un tesoro
que sólo un afortunado hallaría,
¡solamente en mi fantasía inquieta
puedo, con mi etiqueta de poeta,
describir tu grandeza en una poesía!

Si en una solitaria noche estrellada,
quisiera Dios con todas sus impresiones
mostrar su infinita grandeza incomparada,
te mostraría a ti, base de inspiraciones …

Sin duda, Dios te creó a su altura.
No sólo tu perfecta hermosura
pero tu gran forma de ser demuestra
¡qué del Creador fuiste obra maestra!

Dios estaba enamorado al crearte,
de evidencia sólo basta mirarte,
porque como tú no hay ni habrá ninguna,
¡todo lo que Dios vio, de tu figura,
a un lado se apartó de tu escultura,
para apreciarte como a la luna!

En su mente, tu grandeza ha dejado
una creación llena de emociones,
ya que en ti siempre quedará grabado
el producto de sus ilusiones…


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: di3sel

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Lejanía


A Gabriela Bucio

I

Hoy con amor te invoco y es porque quiero
que sepas que siempre fuiste mi tesoro:
¡navegué mares y siendo marinero
te avisté como un islote de puro oro!

Tú sabes, como yo sé, que los defensores
de la amada patria consideran ultraje
pensar que el marinero cambia sus amores
como los ángeles cambian de plumaje…

¡Nadie, nadie podrá oponerse a mis anhelos
ni nadie podrá detener mis caminares!
Cuando navegue hacia ti crecerán los cielos
y se acortarán los campos y los mares…

Mi bohemio amor es de etéreo fuego
que arde y cruza a través de toda distancia;
se guía sin vete, amorosamente ciego
navega a ti aspirando tu fragancia…

II

Tu fragancia enloquece. En mi frente
recibo un beso perfumado que retoma,
de las brisas del belicoso Medio Oriente,
tu inconfundible dulce aroma…
Esa dulce fragancia me destierra
y me tornan a mi cruda realidad:
sólo soy un marinero que en plena guerra
añora huir de su eterna soledad…

Los corazones que son expertos
cobran con el dolor nuevos amores:
¡la materia podrida de los muertos
hacen también retoñar las flores!

Aunque por las penas sea acosada,
el alma nunca debe crecer perdida;
¡porque la misma sangre que coagula
puede cerrar cualquier mortal herida!


© Elvis Dino Esquivel
(Lisboa, Portugal – Noviembre de 2006)

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El dolor no mata



Mis últimos versos: Como no le alcanza
a mi inepta mente el placer de tu olvido;
a la tristeza de amarte sin esperanza,
me voy muriendo pensando en lo vivido…

Al desconsuelo de ver que otros amores 
nutren el corazón que nutrí un día, 
prefiero, bajo el pétalo de unas flores, 
soñar en que me adoras todavía… 

¡Te quiero como siempre te he querido 
y es tan grande el deseo que a ti me ata, 
que para fugarme de tu invencible olvido, 
me mato delirando que el dolor no mata! 

¡Aprendí a venerarte cuando perdió trayecto
el mar y éste se desangró en las gélidas arenas!
Por el amor que aún tengo, le reclamaré afecto
a las mujeres que saben consolar las penas…

¡Adiós, hasta nunca! ¡Adiós, luz de mi olvidado puerto!
¡Beso la carta en la que grabo tu nombre divino,
ojalá al abrirle a la noche el corazón desierto
que en mis besos de muerto sientas la ausencia de Dino!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Mario Sánchez Nevado

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Perdidos al vernos


A Rosella Lilibeth Carreón

Vamos caminando, cansados y temerosos
a donde nos lleve los vientos del destino;
con cada paso, llenamos nuestros dolorosos
corazones con nostalgia del amor divino…

Tal como los cometas luminosos
que cruzan taciturnos y orgullosos
sin chispear por el cielo vespertino
para no poder confundir su camino…

A veces que se entrecruzan los destellos,
con colosal tranquilidad pasiva y serena,
los astros escondidos detrás de tus cabellos…

¡Nuestros ojos se cruzan con una mirada
y en nuestras pupilas se ve la desnuda pena
de tu alma nerviosa y de mi alma desolada!


© Elvis Dino Esquivel

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Tus desdenes


En el fondo de mi pensamiento
cuando duermo, siento como de tu flor
llega su dulce fragancia al aliento
de mi alma, contagiándola de amor…

¡En los ojos tuyos, mi ángel risueño,
nunca de la noche me falta la luz;
con tu imagen llenas mi inquieto sueño
y siempre me sueño clavado en tu cruz!

Somos la guerra, mi musa hermosa,
del amor que dura y del amor que fue:
¡tú eres una persona muy orgullosa
y yo mentiroso no soy y olvidar no sé!

¡Tú eres como el ave que en la noche fría, 
contra el viento, abrigo le pidió a un servidor, 
y que luego huyó a las luces del naciente día, 
olvidando al nido que le dio calor! 

¡Yo soy el engaño, que por amorío, 
prestó a la mujer su abrigada paz, 
y ahora sanando triste en mi nido frío, 
sueño con el ave que voló fugaz!

Ni por más que agites las alas que tienes,
mi apasionado incendio nunca apagarás;
¡cuanto más violentos soplen tus desdenes,
mis anhelados deseos crecerán más!


© Elvis Dino Esquivel

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De noctem en noctem



I roll myself upon you as upon a bed,
I resign myself to the dusk.
—Walt Whitman: The Sleepers

I

En noches como estas su recuerdo me devora,
una inquietud extraña me amarra el corazón.
Sin nada que hacer, ¡maldita sea la exacta hora
en que la luz del día mi mente iluminó!

Esta noche sus caricias me vinieron a recordar
que maldito sea el momento que en mágico embeleso,
cuando mis secos labios recibieron su primer beso,
que imbécilmente mi débil ser comenzó a ilusionar…

Esta noche nadando en mi lago… muero de su sed.
Te miro y me aborrezco. Ya no podré llamarte mía.
Ahora que te hayas al otro lado de la pared,
solo me resigno a exclamar… ¡maldita suerte impía!

II

¡Ah, qué deleite sujetarte entre mis brazos
y sentir tu corazón latir junto al mío!
¡Cuántas noches largas entre amorosos lazos
hubiera calentado tu cuerpo del frío!

Quiero en esta triste noche mis labios secos poner
en tu centellante rostro; mientras ansiando delicia,
quiero tu aliento, tu suspiro y tus lagrimas beber
como afanosa prueba de mi sedienta caricia…

Siento mi vida deslizándose con calma
hacia el desierto de la vasta soledad…
sin esperanza, sin fe, se hunde con frialdad,
llevándose consigo mi marchita alma…

III

Me encanta ver las nubes grises en los lóbregos cielos
hartas de cargar con las penas que tienen que sufrir.
Me encanta ver los campos sin flores y sin arroyuelos
de las ásperas montañas donde te he de perseguir…

Me encanta ver con delirio la batalla a muerte
de la guerra que tu ficticio dios comenzó,
y luego ver tendido sobre la tierra, inerte,
aquel a quien la bala del otro atravesó…

Me encanta de la triste noche sus tenebrosas tinieblas
y de un mar embravecido su mortal agitación ver;
y de la inexplorada costa solitaria por las nieblas
mirar cómo se despide el marinero de su mujer…

Confieso que me gusta ver pesares más grandes que los míos,
y ver como brota, agobiado, mi mustio llanto congelado:
En esta noche fría, mis llantos serán caudalosos ríos,
¡qué se congelarán con la apatía de mi ser más amado!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Sergey Vlasov

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La inmortalidad de tus ojos


A Roxana Navarrete

De la belleza los ojos radiantes
son su mejor atractivo y el que más perdura:
¡sólo la muerte mitiga la claridad pura
de esos eternos candiles candentes
del santuario célico de la hermosura!

Cuando los labios y el cabello,
el pecho, la cintura y la tez,
las suaves manos y el cuello
se consuman al atropello
que causa el tiempo y la vejez…

Cuando de la vida pierdas todos sus antojos,
cuando de tu belleza ninguna huella se distinga,
y de la edad sufras sus mayores despojos,
sólo quedará un atractivo que no se extinga:
¡sólo con vida persistirán tus ojos!

Sobreviviendo triunfantes ellos
mientras con el tiempo se apacigua,
extenderán por lo tanto sus destellos
como entre escombros dos astros bellos,
como farol en una hacienda antigua…

No te atemorices de las arrugas imprudentes
y los años que te faltan vivir no los cuentes;
pues cuando el tiempo caiga en sus abismos,
fascinantes siempre y destellantes,
siempre tus ojos serán los mismos…


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Sergey Vlasov

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La belleza


¿Por qué te quejas, si es tranquilo cuando miras:
el desierto, el mar, el bosque, el mundo entero?
¿Por qué te ablandas si eres de acero?
¿Por qué te asfixias cuando suspiras?

Dime, ¿por qué en medio de las amargas nubes giras
si detrás de cada negra nube brilla un lucero?
Porque únicamente el sufrimiento tuyo es verdadero
y los estándares de belleza son vil mentiras…

Cuando se juzga solo con la mirada
observamos el exterior solamente,
¡y así transformamos superficial e inútilmente
una alegre mujer en… una desdichada!

Cuando el complejo sin querer sale,
en la misma belleza el dolor cabe:
¡cuánta angustiada mujer no sabe
que sólo lo de adentro es lo que vale!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Sergey Vlasov

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The Talk



Looking up as the light shines from your face
Through thousands of years, side stays in its place
You came not from us nor from whence we came
Not one of our family but we gave you a name
Though barren and lonely we love you the same
With others we've had competitions and games
We told them all we were first to embrace your skin
Fact is we told them whatever it took for a win...

We're sorry we lied but we had complications
An invisible wall we reached with no indication
But we've been in touch since then and they need not know
They've already paid for the tickets and they've already left the show
Now we'll share you with the others for the time being
In this agreement we've made for the good things they're bringing
Apologize for the additions we've made to your shell
But we had no other options, for peace, or so we'll soon tell...

They'll believe it no matter for we gave them what they want
Piece of mind and a lie that keeps them all nonchalant
Soon all will be ready for they're rapture to come
Not knowing we'll have them right under our thumb
We'll keep saying you're the reason for keeping the tide
One day we'll be with you and for my last days reside...

As the night comes to an end and as I say my goodbye
I look up at the artificial spaceship residing in the sky...



© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Marta Nael

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Adiós


Me despido. Ahora me lleva el destino
como hojas inanes que el viento arrebata.
¡Pobre de mí! No tienes idea, ingrata, 
lo que padece este pobre corazón…

Mis inocentes ojos no sabían llorar
ni sabían de las noches de tortura;
solitario aún sollozo con amargura
este férvido y vanidoso deseo…

Y no he encontrado consuelo en mi vida,
¿quién podrá consolar mis vanos dolores?
¡Qué me importa del vil mundo los colores
si mi maldita vida es tan gris sin ti!

Viajaré desapercibido a tu casa
a mendingar ese calor de tu fuego:
¡arrodillado, maldita mía, te ruego
qué por lo menos hoy te acuerdes de mí!

Me largo a una patria ignota y distante,
a una vil región donde nadie me espera,
donde será insignificante que muera,
donde ninguna alma por mi velará…

El vulgo y tú seguirán con sus festejos
en sus discotecas, desmadres y amores;
se cerrarán los pétalos de las flores,
que ya de mí ni en la distancia hablarán…


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Lady Amarillis

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Consuelo del ángel


«Con alivio, con humillación, con terror,
comprendió que él también era una apariencia,
que otro estaba soñándolo.»
Las ruinas circulares - Jorge Luis Borges

A un dios, un ángel desgraciado
su deprimente historia contó
y aquel dios a su lado, 
que al tanto oírla lloró, 
consolando al desdichado: 

– «No me cuentes más», le decía,
«de tu maldita suerte»,
y el ángel desventurado respondía:
– «Es tan grande la pena mía
que siento que causará mi muerte…»

El dios se entristeció 
y de tristeza sollozó tanto
que cuando el ángel vio 
tanto pesar, comprendió 
que es gran consuelo el llanto…

Y el ángel infeliz se decía:
«Con pésima suerte nací,
mas hoy encontré alegría:
ya no es tanta la amargura mía
pues hay un dios que llora por mí…»


© Elvis Dino Esquivel



Imagen: Michal Macku

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