Ayuda al indigente

«Cuando los demás te observan
das al indigente ayuda.

Recuerda:
la limosna secreta
poco habla y dice mucho más...»

- Elvis Dino Esquivel

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¿Algún día te fuiste?

Reviviste en mi vida. Semanas atrás resucitaste de lo más profundo de mi memoria. Eras la que robaba mis suspiros, con la que antes soñaba que me regala una sonrisa y por la que antes moría por intercambiar palabras. El destino un día me aparto de ti, nunca gocé ser el motivo que provocará una sonrisa, pero era feliz en respirar el mismo aire. Si un día nuestros ojos hubiesen chocado accidentalmente, esa fracción de tiempo hubiese quedado tatuada en mi memoria.

Hoy te vuelvo a encontrar. Hoy entiendo que jamás te fuiste, tal vez te fuiste físicamente, pero tu recuerdo siguió. El aire seguía su rumbo y en las noches las estrellas brillaban igual, nada cambio, pero en cada suspiro, en cada noche te recordaba, no me imaginaba momentos jamás vividos, mas en cambio recordaba cada segundo en el que me hacías suspirar.

No era tu admirador secreto, y no quería ser tu pretendiente, más bien quería ser tu ángel guardián, le pedía a Dios para que me diera el poder suficiente para poderte cuidar y proteger, y le pedía para que por “accidente” un día me llegaras hablar. No vivía sólo de pensarte, vivía de verte, aunque fuera a la distancia. En la escuela cuando te veía llegando por la entrada, eras mi sol haciendo su aparecer en mi día, ¡eras mi amanecer! Y cuando no te veía en los fines de semana, cuando caminaba por la calle, cada rosa que encontraba, te veía a ti. En las noches, cuando miraba la luna, te estaba mirando. Sé que la luna es sólo un astro sin vida, para aquel que lo ve en sentido común y lógico, pero cuando uno está enamorado nada tiene que ser común o lógico.

Ahora siento que te he conocido toda la vida. Lo que antes parecían sueños, hoy es realidad, hablarte es fácil, escribirte esta carta es lo difícil. Seguiste tu vida, te enamoraste, cultivaste amor y de esa semilla cultivada nació una flor, que dio una nueva razón a tu vida. Yo también seguí mi vida, me perdí varias veces en medio de bosques donde no encontraba la salida, y cuando al final salía, me di cuenta que no había sido necesario perderse.

Si un día juntaras tu camino con el mío, no nos perderíamos. Juntos caminaríamos para seguir aquella ruta que lleva a una feliz destinación. Donde habrían barreras y varias desviaciones, pero juntos decidiríamos que rumbo escoger y si nos llegáramos a perder, sabrías que no tendría nada de malo regresarse para volver a comenzar. El camino no es difícil, difícil es no cansarse, pero para eso está la paciencia, y si desearas descansar o irte por otro camino, te dejaría ir, ya que sería feliz con el solo hecho de haber caminado contigo.

Tienes una flor plantada y todo está bien, pues me gustaría a tu lado verla crecer. No quiero reemplazar al que la cultivo, mas en cambio quiero demostrarte que no es necesario haber sido el agricultor para saberla regar.

Lo que en resumidas cuentas te quiero decir, que si un día me dieras la oportunidad de brillar contigo, a tu lado intentaría cada día hacerte brillar más. No soy como todos los otros cuerpos celestes que brindan un brillo falso, como el cometa que brilla mientras pasa por su rumbo, pero luego se va y nunca regresa. Nuestros corazones serían dos soles que darían calor a un mundo llamado amor.

Hoy estas aquí de nuevo, en el lugar que nunca dejaste.


© Elvis Dino Esquivel
(Tustin, CA - Agosto 2007)

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¡Eres el astro que me saca de orbita!


¡Mirada de estrella naciente,
no evites el contacto visual
con la galaxia que
encierran mis ojos!

Soy un solitario astro
que necesita su estrella...
¡Déjame orbitar eternamente,
en tu parábola invisible!

¡Sácame de trayectoria, atráeme a ti!
¡Devórame con tu fulgor infinito,
y llegaré a tu seductora órbita
como cometa perdido!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Joe Jesus

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