El ocaso de Lauriane



En la última alborada autumnal, Lauriane subyugó la modorra y al fin logró abrir sus fatigados ojos tras un sueño que involucraba deidades teniendo orgías en un laberinto. Sintió vida en su abdomen, el cual tocó y arrulló suavemente como si se tratara de un delicado terciopelo y vociferó aterrada, “¡Dios sacro-santísimo, estoy embarazada! ¿Quién podrá ser el padre?” Sucesivamente sería de nueva cuenta víctima del sueño, más por el desasosiego que por el cansancio de la carne: Lauriane era virgen, atea e indiferente al conocimiento. Aquel día durmió hasta el ocaso.
A Thierry Zenon

© Elvis Dino Esquivel
(Madrid, España - Octubre de 2012)

Imagen: Jeanloup Sieff

0 Comentarios: