Olvidar dura una eternidad


En este mismo mar nadaste un día,
en este mismo corazón tu amor pusiste
y aquí mismo te recuerdo todavía.
¡De ti me recuerda el barco hundido
y el mar que llora al golpearse triste
como mi alma en las playas de tu olvido!

¿Me has olvidado? ¿Me has dejado de amar?
Por supuesto que no: ¡El marinero que navega
nunca puede olvidarse de su amado mar
ni mucho menos de su adorado navío,
nunca se olvida la playa del oleaje que llega
ni el mar del manantial mientras fluya un río!

No puedo olvidarte: en el dolor me pierdo,
pero perdiéndome solitario en él consigo
entender el secreto de tu recuerdo.
¡Tú eres para mí lo que el marinero es al mar,
lo que la muerte es a la sangre del enemigo,
lo que la guerra es a la gloria del militar!

No sé cómo puedo vivir tan lejos,
sin escucharte, sin verte, sin tocarte.
Sigues presente en todos mis reflejos,
porque tú, cuando mi pobre alma se interna
en lo profundo, ¡eres mi escritura, mi arte,
mi zahir¹, mi luz y mi vida entera!

Aunque estás tan lejos, creo mirarte,
ya que la memoria en sus insensateces
te tiene presente aunque estés tan aparte;
y confundido así, y aspirando tu fragancia,
te siento tan cerca… ¡porque sueño a veces
que no existe ni el tiempo ni la distancia!


© Elvis Dino Esquivel
(Golfo de Adén – Mayo de 2006)

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