En los versos de un poema

I

¿De qué te sirven estos versos? 
¿Para qué te escribo este poema?
¿Acaso para que en estas líneas,
describa tus atractivos?

No, ya que tú sabes que tienes 
unos ojos traviesos, divinos,
que juguetones ofrecen 
a un perdido viajero el camino…

Sabes que tienes boca hechicera, 
cuerpo dúctil y ferviente,
garganta y pecho que sirven 
para atraer al pretendiente:
¡Bien sabes que bajo tanta belleza 
encierras tanto atractivo!

Sabes que tu simpática inquietud,
tu orgullo irónico y perverso,
tu desprecio o tu sonrisa,
tu gesto amable o desdeñoso
te hacen un ser adorable 
pero un ser indefinido, 
que provoca pavor o esperanza, 
aunque siempre infunde cariño...

Recuerda que tú lo sabes mejor
mas que los que pueden decirlo,
que tu belleza se observa en tus acciones
y no en espejos o apariencias ni mucho
menos en los versos de un poema…

II

¿Acaso sobre un pedazo papel
guardarán tus íntimos amigos
con su letra y su recuerdo 
la ofrenda de su cariño?

Solamente la falsa amistad,
solamente el aprecio fingido
requiere conceder recuerdos 
que duren más que sí mismos…

Y cuando pase al recuerdo 
lo que se dejó escrito
¿Acaso es porque ya la amistad
del corazón se ha extinguido?

Sólo recuerda que la amistad verdadera,
el cariño verdadero y sincero
se guarda en los corazones
y provienen de sus voces,
y no de los versos de un poema… 

III

¿Esperarás que el amor
escriba fervorosos himnos
en estas hojas describiendo
sus éxtasis, sus delirios?

No, que el amor verdadero
jamás escribe intrépido
lo que nació en silencio,
lo que se creó en secreto…

Las palabras amorosas
que al labio promulga el cariño
sólo conservan su ternura
cuando son susurradas al oído…

Recuerda que el amor nunca se escribe,
se descubre en los suspiros,
se manifiesta en los ojos
mas no en los versos de un poema…


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Terri Graham

Olvidar dura una eternidad


En este mismo mar nadaste un día,
en este mismo corazón tu amor pusiste
y aquí mismo te recuerdo todavía.
¡De ti me recuerda el barco hundido
y el mar, que llora al golpearse triste
como mi alma en las playas de tu olvido!

¿Me has olvidado? ¿Me has dejado de amar?
Por supuesto que no: ¡El marinero que navega
nunca puede olvidarse del mar
ni mucho menos de su adorado navío,
nunca se olvida la playa del oleaje que llega
ni el mar del manantial mientras fluya un río!

No puedo olvidarte: En el dolor me pierdo,
pero perdiéndome en él consigo
entender el secreto de tu recuerdo…
¡Tú eres para mí lo que el marinero es al mar,
lo que la muerte es a la sangre del enemigo,
lo que la guerra es a la gloria del militar!

No sé cómo puedo vivir tan lejos,
sin escucharte, sin verte, sin tocarte…
Sigues presente en todos mis reflejos,
¡Porque tú, cuando mi alma se interna
en lo profundo, eres mi escritura, mi arte,
mi zahir, mi luz y mi vida entera!

Aunque estás tan lejos, creo mirarte,
ya que la memoria en sus estupideces
te tiene presente aunque estés tan aparte;
y confundido así, y aspirando tu fragancia,
te siento cerca… ¡Porque sueño a veces
que no existe ni el tiempo ni la distancia!


© Elvis Dino Esquivel
(Golfo de Adén – Mayo de 2006)

Cuenta conmigo...


Para Christian M. Beltrán
a su amada Alexandra

Te vi llorar, y tus cristalinas lagrimas
rodaron en mi mejilla, ángel mío,
como ruedan de la suave rosa
las gotas del rocío…

Te vi sonreír, y tu mirada hermosa
a la brillante luna provocó sonrojos,
ya que es tan pacífico, natural y bello
el brillo que desprenden tus ojos…

Como el otoño en el solitario jardín
seca a su paso todas las flores;
así cambia tu sonrisa en un instante
al compás de tus dolores…

Por eso sonrío cuando alegre sonríes
y por eso lloro cuando afligida lloras:
no te preocupes amada compañera mía,
que conmigo contarás a todas horas…




© Elvis Dino Esquivel



Imagen: Drezi

Extracto de «Última noche de verano»



El marinero:
¡Noche tranquila y fría,
tú haces mayor mi luctuosa tristeza
y multiplicas mi mortal melancolía!
¡El buitre tiene un nido en la maleza!
¡La serpiente, en el cavidad de una roca,
se alberga del gélido enfurecido!
¡La araña, con los extractos de su boca,
puede construirse un nido!

¡Todo tiene un hogar que le resguarde
de la oscuridad que avanza,
cuando el brillante astro de la tarde
sus enigmáticos relámpagos lanza!

¡Absolutamente todo! ¡La gloria
en las páginas del libro de la historia;
la sonrisa en el rostro aún sin alegría
y hasta el recuerdo tiene a la memoria
para refugiarse allí con su melancolía!

¡Sólo mi cariño, sincero e infinito,
no encuentra en sus soledades atribuladas,
ni conocido destello ni generoso techo!
¡Van sin destino determinado mis pisadas!
¡Maldito, sí, maldito
sea el nombre que tatué en mi pecho!


© Elvis Dino Esquivel



Imagen: U.S. Navy

Agradecimiento eterno



Deus ex machina

Increíble mujer de misteriosa magia, 
su luz me guía y me refugio en su amor; 
el suave aroma de su pelo me contagia,
convirtiendo mi vida en un sueño encantador…

De las penas del mundo me defiende
y me aleja de las pesadillas del desierto;
Su amable persona me atiende
y me motiva a la vida, al bien y a lo cierto…

Existe un eterno Dios y por ella creo:
¡Mis sueños y mi esperanza de ella son!
La religión critico... mas yo en ella veo
el principio de la inmensa creación…

El destino fue quien me enseñó a quererla,
es una mujer única: ¡Ya que sabe transformar 
cada gota de llanto en una hermosa perla
y en un hermoso recuerdo cada pesar!

De mi etapa triste y solitaria,
ella en consuelo convirtió mi dolor: 
¡Recé con su fe mi primer plegaria
y amé con su corazón mi último amor!

Suele a veces negarme sus favores,
mas yo mis gracias sin parar le doy, 
¡A ella le debo las alegres flores 
que, hasta marchitas, me consuelan hoy!

La angustia de la tierra no me importa
ya que su encanto me hace reflexionar:
¡Ella me dice que la vida es corta
y que hay que vivirla sin cesar!

Mi sola ambición es ser digno de ella,
acariciar su amor y llenarme de su alegría:
¡Quiero ver su brillo en mi solitaria estrella
ya que su mágica luz hace brillar mi día!



© Elvis Dino Esquivel


Imagen: di3sel-d392iof

¿Qué es la vida?


Cuando en el oscuro firmamento
veo aparecer cientos de astros brilladores,
y otros miles que en un momento
brillan con sus preciosos resplandores...

Y buscando la respuesta a la vida en mi pensamiento,
volteo a mirar al cielo y pregunto a los brillantes seres:
– ¿Qué es la vida, que es, brillantes luces bellas?
– ¡La paradoja! Me responden las estrellas...

Si al renacer la hermosa primavera
vuelve verde el mundo con alegría;
Entonces el rio, el bosque y la pradera
son los aromas, las luces y la harmonía...

Cuando en jardín se convierte la ribera
y el bosque en viviente poesía,
– ¿Qué es la vida? Pregunto a sus seres,
– ¡El cambio! Me responden las flores...

Pero, si al mirar tus ojos, vigila

el bosque al astro su luz preciosa;
Si viendo todo el cielo en tu pupila,
alucinante por ti, mi alma curiosa
– ¿Qué cosa es la vida? pregunta obsesionada,
– ¡El amor! Me responderá tu mirada...



© Elvis Dino Esquivel

Imagen: The Fountain

Viejos amores



I

Sentados en el bosque pasan rápido las horas.
Mientras nos miramos como personas extrañas.
Hay tensión. Tus ojos parecen auroras
entre la oscuridad de tus pestañas…

Estando lejos de nuestros hogares,
comenzamos a discutir con rudeza;
luego con frases apáticas y vulgares,
empiezo a profanar del amor su belleza…

Me callas con tus manos suaves
y con taciturna voz me preguntas:
«¿Cuál ha sido la misteriosa clave
de todas tus relaciones ya difuntas?»

II

Me juras que no has amado. Te creo:
No sólo eres mujer, también diosa eres.
Y, desde que dejé de ser ateo,
¡Voy creyéndoles más a las mujeres!

Soy tu único amor, me lo juras,
y como evidencia en tu cuerpo llevas:
No sólo principiantes ternuras,
pero también caricias nuevas…

Reflexiono. ¡Soy pecador arrepentido!
Por eso te confieso mis amores muertos:
Siempre fuiste mi destinación, pero he tenido
que peregrinar regalando besos yertos…

III

¡Te he encontrado al fin! Abre tus brazos,
perdona la tardanza, fui un perdido viajero.
Ahora te ofrezco un corazón hecho pedazos:
¡Pero sé que tú lo conservarás entero!

No te preocupes, jamás tornaré la vista
hacia esos amores muertos. Ten calma:
¡Ya que caminarás con paso de conquista
sobre los cadáveres de mi alma!

Como zombis se despertarán a tu paso
y te verán como la diosa de mi universo;
con envidia y resignación te dirán acaso:
Verus amori nunquam mori en su verso…

IV

Con las manos sostenidas, nos perdemos
en el bosque. Luego atentamente escucho
tu voz diciéndome: «¡Por favor ámame mucho
para que juntos una eternidad duremos!»

«¡El amor me trajo a ti!» respondo al verte.
Sonriendo y vigilando tus bellos ojos te digo
que siempre en los sueños estuve contigo,
¡Porque te amé mucho antes de conocerte!

Mi contaminado amor con tu corazón destilaste:
¡La misma luz que llegó a mis pupilas en el puerto,
vino del mismo sol que me iluminó en el desierto!

No importa si en el ayer de mi loca mente te aislaste,
ya que hoy la travesía por ti con un beso la concluyo:
¡Ya que tú siempre serás mía y yo siempre seré tuyo!

V

Si aún bajo el sol de mi mañana sigues
a mi lado, te confesaré cuando me mires
¡Qué eres la diosa de mi amor profundo
porque tienes en tu corazón mi mundo!



© Elvis Dino Esquivel

Imagen: kevissimo

En versos te fuiste...


«¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?»
Rima XXIX – Becquer

A C.S.B.

Fuiste mi musa. Pero, ¿en qué lindo verso
podré describir tus facciones de diosa?
Si en estas líneas te doy mi universo,
¿Qué más podré escribirte, musa grandiosa?

Si la poesía se atreviera un día,
sobre este papel que guarda tu hermosura,
describir de una diosa la figura
¡con describir tu apariencia bastaría!

Fuiste mi musa. Pero, sin alegría, sin gloria,
sin aspiraciones, sin identidad verdadera,
sin porvenir claro, sin fe y sin esperanza entera:
¡dará igual que seas pasado o que seas memoria!

Si no existiera el cielo o infierno, ¿qué poderío
tuviera mi fe sobre tus sentimientos humanos?
Y si no existieran ni los lagos ni los océanos,
¿dónde desembocaría este caudaloso río?

No lo sé, pero, pobre de ti que en versos te fuiste,
en versos viviste y en estos versos te perdiste.
Toda inspiración del poeta proviene de su alma,
mas tu robaste la mía y lo tomé con gran calma
porque muy bien sé que el verdadero amor no existe…

Con mis versos te fuiste, con pena y gloria,
mas tu evidente huella en mi escritura aún me hiere
y me has tatuado un recuerdo en la memoria:
Como una flor que se marchita y se consume
prisionera en una botella, cuando muere
deja la botella oliendo a su perfume…



© Elvis Dino Esquivel
(Golfo Pérsico – Julio de 2006)

Imagen: Nate Holga

Dios enamorado


Un elogio a la mujer

En tu cabeza se aprecia una aureola
de brillante luz. A tu cuerpo se suma,
una colosal esencia que perfuma
aquella luna que pasea sola…

Impregnado en tu corazón de oro,
tienes en tu noble alma un tesoro
que sólo un afortunado hallaría
¡Solamente en mi fantasía inquieta
puedo, con mi etiqueta de poeta,
describir tu grandeza en una poesía!

Si en una noche estrellada,
quisiera Dios con impresiones
mostrar su grandeza incomparada,
te mostraría a ti, base de inspiraciones…

Sin duda, Dios te creó a su altura.
No sólo tu perfecta hermosura
pero tu gran forma de ser demuestra
¡Qué de Dios fuiste obra maestra!

Dios estaba enamorado al crearte,
de evidencia sólo basta mirarte,
porque como tú no hay ni habrá ninguna
¡Todo lo que Dios vio, de tu figura,
a un lado se apartó de tu escultura,
para poderte apreciar como a la luna!

En su mente, tu grandeza ha dejado
una creación llena de emociones,
ya que en ti siempre quedará grabado
el producto de sus ilusiones…



© Elvis Dino Esquivel

Imagen: di3sel

Lejanía

A Gabriela Bucio

Hoy te recuerdo y es porque quiero
que sepas que tu amor es mi tesoro:
¡Escavé cavernas y siendo minero
te encontré como una roca de oro!

Tú sabes, como yo sé, que los doctores
del misterioso amor consideran ultraje
pensar que el corazón cambia de amores
como los ángeles cambian de plumaje…

¡Nadie podrá oponerse a mis anhelos
ni nadie podrá evitar mis caminares!
Cuando camine hacia ti crecerán los cielos
y se acortarán los campos y los mares…

Mi aventurero amor es de fuego,
que cruza a través de la distancia;
se guía sin vete, porque es ciego,
y llega a ti aspirando tu fragancia…

Tu fragancia enloquece. En mi frente
recibo un beso perfumado que retoma,
de las brisas del lejano Medio Oriente,
tu inconfundible dulce aroma…

Los corazones que son expertos
cobran con el dolor nuevos amores:
¡La materia podrida de los muertos
hacen también retoñar las flores!

Aunque por las penas sea acosada,
el alma nunca debe crecer perdida;
¡Porque la misma sangre que coagula
puede cerrar cualquier mortal herida!


© Elvis Dino Esquivel
(Lisboa, Portugal – Noviembre de 2006)

El dolor no mata


Mis últimos versos: Como no alcanza
mi mente el placer del olvido,
a la tristeza de amar sin esperanza
me voy muriendo pensando en lo vivido...

Al desconsuelo de ver que otros amores
nutren el corazón que nutrí un día,
prefiero, bajo los pétalos de unas flores,
soñar en que me adoras todavía...

¡Te quiero como siempre te he querido,
y es tan grande el deseo que a ti me ata,
que para escapar de tu invencible olvido,
me mato mirando que el dolor no mata!

¡Aprendí a venerarte cuando perdió trayecto
el mar y éste se desangró solitario en las arenas!
Por el amor que aún tengo, le reclamaré cariño
a las mujeres que saben consolar las penas...

¡Adiós, hasta nunca! ¡Adiós, luz de mi puerto!
¡Beso la carta en que grabo tu nombre divino,
y ojalá, mientras le abro a la noche mi corazón desierto,
que en mis besos de muerto sientas la ausencia de Dino!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Mario Sánchez Nevado

Perdidos al vernos


(A Rosella Lilibeth Carreón)



Vamos caminando, cansados y temerosos
a donde nos lleve los vientos del destino;
con cada paso, llenamos nuestros dolorosos
corazones con nostalgia del amor divino…

Tal como los cometas luminosos
que cruzan orgullosos
sin chispear por el cielo vespertino
para no poder confundir su camino…

A veces que se entrecruzan los destellos,
con gran tranquilidad serena,
los astros escondidos detrás de tus cabellos…

¡Nuestros ojos se cruzan con una mirada
y en nuestras pupilas se ve la desnuda pena
de tu alma nerviosa y de mi alma desolada!

(Santa Ana, CA - Septiembre 2009)

Tus desdenes


En el fondo de mi pensamiento
cuando duermo, siento como de tu flor
llega su dulce fragancia al aliento
de mi alma, contagiándola de amor…

¡En los ojos tuyos, mi ángel risueño,
nunca de la noche me falta la luz;
con tu imagen llenas mi inquieto sueño
y siempre me sueño clavado en tu cruz!

Somos la guerra, mi musa hermosa,
del amor que dura y del amor que fue:
¡Tú eres una persona muy orgullosa
y yo mentiroso no soy y olvidar no sé!

¡Tú eres como el ave que en la noche fría, 
contra el viento, abrigo le pidió a un servidor, 
y que luego huyó a las luces del naciente día, 
olvidando al nido que le dio calor! 

¡Yo soy el engaño, que por amorío, 
prestó a la mujer su abrigada paz, 
y ahora sanando triste en mi nido frío, 
sueño con el ave que voló fugaz!

Ni por más que agites las alas que tienes,
mi apasionado incendio nunca apagarás;
¡Cuanto más violentos soplen tus desdenes,
mis anhelados deseos crecerán más!



© Elvis Dino Esquivel

De noctem en noctem


I roll myself upon you as upon a bed,
I resign myself to the dusk.
—Walt Whitman: The Sleepers

I

En noches como estas su recuerdo me devora,
una inquietud extraña me amarra el corazón.
Sin nada que hacer… ¡maldita sea la hora
en que la luz del día mi mente iluminó!

Esta noche sus caricias me vinieron a recordar
que maldito sea el momento que en mágico embeleso,
cuando mis labios recibieron su primer beso,
que imbécilmente mi débil ser comenzó a ilusionar…

Esta noche nadando en el lago… muero de sed.
Te miro y me aborrezco. Ya no te podré llamarte mía.
Ahora que te hallas al otro lado de la pared,
podría decir que… ¡maldita suerte impía!

II

¡Qué deleite tenerte entre mis brazos
y sentir tu corazón latir junto al mío!
¡Cuántas noches largas entre amorosos lazos
hubiera calentado tu cuerpo del frío!

Quiero esta noche mis labios secos poner
en tu encendido rostro; mientras ansiando delicia,
quiero tus alientos, tus suspiros y tus lagrimas beber
en prueba de mi misteriosa sedienta caricia…

Siento mi vida deslizándose con horrible calma
hacia el desierto de la vasta soledad…
sin esperanza, sin fe, se hunde con frialdad,
llevándose consigo mi marchita alma…

III

Me encanta ver las nubes grises en los cielos
hartas de cargar con las penas que tienen que sufrir;
Me encanta ver los campos sin flores y sin arroyuelos
de las ásperas montañas donde te he de perseguir…

Me encanta ver con delirio la batalla a muerte
de los combatientes de la guerra que Dios comenzó,
y luego ver tendido sobre la tierra, inerte,
aquel a quien la bala del otro atravesó…

Me encanta de la noche sus tenebrosas tinieblas
y de un mar embravecido su agitación ver;
y de la ignorada costa solitaria por las nieblas
mirar cómo se despide el marinero de su mujer…

Me encanta ver pesares más grandes que los míos,
y ver como brota de mi alma el llanto ya congelado:
En esta noche fría, mis llantos serán caudalosos ríos,
¡qué se congelarán con la frialdad de mi ser más amado!



© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Sergey Vlasov

La inmortalidad de tus ojos

A Roxana Navarrete

De la belleza los ojos radiantes
son su mejor atractivo y el que más perdura:
¡Sólo la muerte mitiga la claridad pura
de esos eternos candiles candentes
del santuario célico de la hermosura!

Cuando los labios, y el cabello,
el pecho, la cintura y la tez,
las suaves manos, y el cuello
se consuman al atropello
que causa el tiempo y la vejez…

Cuando de la vida pierdas todos sus antojos,
cuando de tu belleza ninguna huella se distinga,
y de la edad sufras sus mayores despojos,
sólo quedará un atractivo que no se extinga:
¡Sólo con vida persistirán tus ojos!

Sobreviviendo triunfantes ellos
mientras con el tiempo se apacigua,
extenderán por lo tanto sus destellos
como entre escombros dos astros bellos,
como farol en una hacienda antigua…

No te atemorices de las arrugas imprudentes,
y los años que te faltan vivir no los cuentes;
pues cuando el tiempo caiga en sus abismos,
fascinantes siempre y destellantes,
siempre tus ojos serán los mismos…


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Sergey Vlasov